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lunes, 26 de junio de 2017

20 anos acompañados de Harry Potter

Foto: biobiochile.cl


Con once años el planeta es un lugar gelatinoso.

No tienes suficientes recuerdos como para que la vida te pese y el futuro es algo tan inmenso como la idea que tiene de una manzana una hormiga.

Con once años Harry Potter descubrió que era un mago.

Y nosotras, nosotros, con él.

Cogimos ese tren hacia un lugar requerido: Un lugar en el que sentirnos especiales.

Porque todas y todos necesitamos un lugar que exista lejos de aquí, de objetos que caen al suelo y se rompen, de la seguridad de que después del día vendrá la noche, de las fronteras y los pagos trimestrales, de la certeza de que un río no puede desembocar en su origen, de que el polvo volverá.

Harry nos dio un mundo.

Y con once años un mundo lo es todo.

Para todas y todos aquellos que un día nos negamos con furia a la seca realidad.

Que hicimos de lo extraño y oscuro y loco, un fuerte.

Desde el que poder combatir la normalidad.

Harry nos dio hechizos mientras dormíamos.

Y que aún hoy repetimos en silencio cuando las cosas no salen de la manera que deseamos.
Nos hicimos mayores. Todas y todos, lo hicimos

Nos ha costado tanto, Harry.

Fuera del mundo mágico la gente se sigue convirtiendo en humo negro y tienes que coserte las ganas de abrazarles al estómago y tapártelo con un abrigo para que nadie lo note.

Fuera la gente ya no cree en nada y se pelean por todo.

Fuera no nos dejan volar porque tenemos un grillete y una bola hecha de dinero.

Fuera somos fantasmas que ya no recuerdan que alguien un día les recordó que eran brujas y magos.

Fuera siempre parece que te has dejado algo encendido o que no has acabado algo o que algo no funciona.

Pero a veces, Harry, fuera te encuentras con personas que estuvieron contigo ahí.

Que te miran a los ojos y dentro de los ojos está Honeydukes.

Como un destello.

Que cuando van de visita al mundo mágico se llenan los bolsillos y luego reparten lo que han traído en forma de regalo.

Somos la resistencia, Harry.

Porque todas y todos necesitamos creer que la infancia no fue un sueño.

Que nos devuelvan el asombro.

Al pensar.

Que todo es posible.

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