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jueves, 27 de marzo de 2014

Dúas caras da igualdade

Debido a un exceso de traballo, exámenes por poñer, corrixir.... a semana pasada non colgamos a habitual noticia dos xoves igualitarios, así que hoxe, imos con dúas por unha.

En primeiro lugar, queremos invitarvos a coñecer a historia de Mercedes, unha muller traballando nun mundo de homes, unha mostra de que aínda que sexa paseniñamente, a desigualdades están a mudar:

 Mercedes Quispe tiene 40 años y actualmente vive en Alto Sopocachi. Aprendió a conducir a los 15 años. "Siempre quise ser conductora”, reconoce la trabajadora que ha dedicado los últimos seis años a manejar un taxi. 
Por eso conoce a la perfección las principales carreteras, así como las dificultades que se presentan en las vías de circulación de la ciudad. "Conducir el PumaKatari es casi igual que manejar un taxi, aunque por las dimensiones del bus lo más complicado es cuando me encuentro con vehículos mal aparcados en las esquinas”, cuenta.
Aquí a historia completa


En segundo lugar, a demostración visible de que a loita continúa, as mulleres seguen a ser minusvaloradas, e de xeito violento e visible, cada día.

Aquí a historia de Nadia:

“Cuando tenía 8 años vivía tranquila con mi familia. Pero cuando empezó la guerra una bomba explotó en nuestra casa y quedé herida. Durante dos años estuve hospitalizada y, en ese tiempo, se instauró el régimen talibán. Al salir del hospital me enteré de que las mujeres no podíamos trabajar. Un día, mi hermano salió a comprar comida pero no regresó, lo mataron en la calle las fuerzas militares. Fue entonces cuando compré ropa de hombre y empecé a buscar trabajo.”

Quien habla es Nadia Ghulan Dastgeer, una joven afgana de 21 años que, desde que los talibanes llegaron al poder en 1996, se ha visto obligada a vestir de chico para poder trabajar y ganar el dinero con el que mantener a sus padres enfermos y a sus hermanos pequeños. En todo este tiempo, Nadia ha trabajado en una granja, ha cavado pozos y ha reparado bicicletas, pero siempre vestida de chico y con una identidad que no era la suya.

Aunque hace algunos años que cayó el régimen talibán, la realidad para las mujeres en Afganistán no ha mejorado demasiado. En todos estos años, Nadia ha querido recuperar su identidad pero no lo ha hecho por temor a que la gente la reconozca debido a las cicatrices y su cara desfigurada, provocadas por la bomba que cayó en su casa cuando era pequeña.

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